Si
quieres tener la legitimidad de la narrativa di que quieres una Sanidad Pública
de calidad. Supongo que esta frase se suele comentar con frecuencia en la
definición de las estrategias de los partidos políticos. Así, todo aquél o
aquella que la escuche, conectará claramente con el candidato y llegará a la
conclusión de que comparten el mismo destino. El caso es que el debate de la Sanidad,
como también el de la Educación Pública, se ha convertido desde hace, como
mínimo dos décadas, en una cuestión de imbéciles. En cada ciclo electoral vemos
repetida continuamente la defensa de los servicios públicos, pero sin más
recorrido, sin propuestas exactas, sin aumentos de nada y con reformulaciones
que lo único que hacen es engrandecer la burocracia y aumentar el hartazgo del
personal, tanto pacientes como profesionales.
El
debate y la protesta es sumamente pobre, no por razón sino por contenido.
Vivimos ya en el tiempo de la crisis permanente cuyas incidencias diarias se
han consolidado en nuestra cotidianidad y día a día. Para información del
personal hay convocada huelga de médicos con carácter mensual, es decir, un par
de veces al mes los médicos harán vaga en protesta por los turnos 12-24 horas
en las guardias. No nos engañemos y hablo con patente de conocimiento. Las
guardias están bien pagadas, no te harás millonario, pero no están mal. El
problema radica en el volumen de guardias. Hacer dos al mes es lo idóneo, pero
cuando te encasquetan cuatro, cinco o seis es una tragedia compaginada con la
jornada diaria. Ahora es el momento que algún iluminado dirá ‘pues poned más
médicos’ y ahí radica lo gracioso de la cuestión, es que no hay para cubrir las
amplias ratios demográficas. Y aquí entramos de pleno en la jungla de los
centros sanitarios: médicos con contingentes de más de 1800 pacientes, demanda
aguda poco justificada, urgencias con poco personal y cargas de arrogancias y
desprecios de manera recurrente donde un gracias y una sonrisa son una mera
experiencia ocasional.
Sobre
la problemática en la falta de médicos las he oído de varios tipos: ‘a mi ponme
uno que sea de aquí’, ‘que hable catalán’, ‘que trabajen más’, ‘que no sea
panchito’, ‘tienen derecho a la vaga, pero hoy me tocaba a mí’, ‘¿este me va a
visitar?’ ‘este médico no me entiende ponme otro’ y podría seguir. Hemos
llegado a un extremo en que cualquier excusa es buena para acudir a un centro
sanitario. En cuestión de visitas, vale lo mismo un dolor agudo que necesita
atención inmediata y una persona que acude al centro porque está borracho o
porque se le olvidó la visita y en el momento que se ilumina quiere visitarse
¡ya! Esto, y más les pese algunos, en el argot sanitario se les llama ‘parásitos’,
personas que recurrentemente acuden a los centros a copar visitas con demandas
aleatorias por delante de aquellos y aquellas más justificadas. Situaciones de
este tipo que son diarias, dan pie a que en los centros médicos se den constantemente
situaciones de violencia: desprecios, agresiones verbales e incluso agresiones físicas.
¿Sabéis la secuencia? Al agresor le sale gratis el numerito, el profesional
coje la baja, anulación de agendas, listas de espera, etc. Conclusión del
paciente: ‘esto no puede ser’, ‘yo pago mis impuestos o tengo derechos’, ‘la Sanidad
es un mierda, bla…bla…bla’. Gente pagando seguros privados de 500 eurazos y
luego el tratamiento de 30 euros lo quiero por la Seguridad Social. Lo de los
impuestos y derechos siempre nos hace gracia porque el personal sanitario
también paga impuestos, en muchas ocasiones con tributaciones que van del 23 al
30% del I.R.P.F pero da igual no voy a entrar demasiado ahí porque después miras
la ficha del indignado de turno y es un cuarentón pensionista, alguien
desocupado o directamente es un inmigrante en situación irregular que
supuestamente huye de una guerra.
Motivos
de queja los hay y de sobras, en eso estamos de acuerdo, propagándose una
dinámica de incidencias que causa el síndrome de burnout tanto al
paciente como al profesional. Por poner unos ejemplos que han tenido impacto en
la sanidad catalana. En el mes de octubre la consellera Olga Pané comunicó vía
TV3 el inicio de la campaña de vacunación de gripe y covid y el envío de un SMS
con el eslogan ‘vaya usted a vacunarse cuando quiera y a la hora que le vaya
bien’. La realidad de los centros sanitarios distaba mucho de lo pronunciado
por la Sra. Pané: no se había comunicado a los centros el anuncio del SMS bomba,
no se habían pedido vacunas, no se había hecho una estimación diaria del volumen
de pacientes, no se había planificado el número de enfermeras para los puestos
de vacunación ni tampoco la recepción de estos. El resultado fue un ‘the
walking dead’ de cientos de personas EXIGIENDO la vacuna y un equipo
administrativo agotado intentando torear la situación, al tiempo que las malas
formas de muchos usuarios iban y venían. Todo gratis.
La
segunda gran incidencia ha tenido que ver con el portal La Meva Salut (LMS). Una
idea pionera que en inicio ha funcionado muy bien, pero con el tiempo ha
derivado en complicaciones, especialmente, para la gente mayor. El portal está
pensado para pedir visitas y acceder a todo tipo de informes para que el
usuario/a pueda descargarlos, pero con el paso del tiempo y por supuestos
motivos de seguridad, el acceso a la aplicación que se ha convertido en un
proceso para personas especializadas en ingeniería de software. Eso ha derivado
en que a los centros sanitarios acudan decenas de personas al día para que el
personal administrativo no resuelvan la incidencia, sino que directamente
tengan que sentarse junto a estas personas y hacer ellos directamente la
gestión, mientras las colas se acumulan. Asimismo, LMS presentó una incidencia en
el acceso que duró mes y medio. Es decir, la división informática de Catsalut
tuvo un fallo en el aplicativo en toda Cataluña y miles de personas no pudieron
acceder a la aplicación. Tras dos semanas de silencio pasaron un email reconociendo
la incidencia y que nos mantendrían informados si había novedades. Resultado:
decenas de personas quejándose en los centros sanitarios de ‘porqué coño no
pueden entrar en la app’ y los equipos administrativos toreando la situación. Todo
gratis.
La
última gran incidencia ha sido la suspensión de la actividad no urgente a causa
del temporal de viento que está ocurriendo ahora mismo en Cataluña. Supimos vía
TV3 que se suspendía toda actividad escolar, universitaria y sanitaria en caso
de no ser urgente. Pilló a los centros sanitarios por sorpresa. Si la noticia
estalló aproximadamente a las 14,30h los centros sanitarios no obtuvieron
directrices hasta aproximadamente las 19,30h. En esas 5h y de por medio una
alerta en el móvil, decenas de llamadas y personas en los centros, preguntando
si la visita que llevan esperando semanas que se va a realizar. Sin directrices
claras el equipo administrativo toreando la situación. La pregunta que se
hacían algunos administrativos ayer era ¿tan complicado es que la Conselleria
de Salut avise primero a los centros y hospitales que a tal hora se va a hacer
un comunicado bomba para llevar a cabo una organización y dar a los usuarios directrices
claras? Pues sí, parece que sí. Todo gratis.
Estas
cuestiones y algunas más de gestión público-privado son también las que están detrás
de la falta de profesionales en el sector de Sanidad. En muchas ocasiones la
carencia de profesionales se ve reflejada en los centros que hoy día llaman de alta
complejidad o donde la demanda es de saturación permanente. No es lo mismo
ser médico en una zona alta que en una zona socio-económica baja. No es lo
mismo ser un profesional sanitario en una zona donde el distrito tiene
prevalencia a buenos hábitos, que en un distrito donde el médico tiene 30 visitas
presenciales, 10 llamadas y no sé cuántas gestiones cada día. Y claro…que no se
equivoque ni él, ni la enfermera ni el administrativo porque entonces volvemos
al bucle de las quejas de siempre y antes expuesto más arriba. Tolerancia cero,
siempre en búsqueda de culpables. Por cierto, otro dato, la semana pasada en
CAP Rambla de Terrassa una doctora dimitió en mitad de la consulta. La mujer
tenía una agenda infernal y tras un roce con un paciente que abusaba de
medicación y la negativa a prescribirle más, la doctora hasta los ovarios por
la cronicidad del día a día, cogió sus cosas y allí se quedaron todos con cara
de pasmarotes. ¿Secuencia? Anulación de agenda de pacientes que llevaban
semanas esperando y bucles de quejas habituales, por cierto, muy hostiles.
¡Pues poned más médicos! Señora si conoce alguno que quiera venir a esta
jungla, avísenos gracias.
Cuando
reclamamos una Sanidad Pública de calidad tenemos que pensar, no sólo en los
recursos y en el aumento del presupuesto, sino también en el uso y trato que
hacemos de ellas. La instrumentalización de la Sanidad está llegando a cotas de
absoluta prostitución: bajas, abuso de tratamientos, visitas recurrentes, hasta
visitas a urgencias por tos y mocos. ¿De qué sirve ampliar dispositivos y
presupuestos si no tienes personas que quieran dedicarse a ello? ¿Qué
viabilidad tiene ponerle a un médico 2000 pacientes cuando en un año el médico
habrá cogido la baja o presentado la dimisión? ¿Qué sentido tiene hablar de
personas cuando se trata al paciente como a un cliente? Resulta en ocasiones sorprendente
como cada vez se habla más de imponer copagos en la sanidad, tal y como se hace
en otros países, como Francia y Reino Unido para disuadir la
instrumentalización de lo público. Les pongo un ejemplo cotidiano: una persona
que presenta infección de orina se le apunta con enfermería y medicina, se le
hace la prueba, pauta de antibiótico 10 días y para casa. O una persona por un
mero resfriado se le pauta el Ibuprofeno y Paracetamol y para casa, cuando de
toda la vida del señor, el resfriado son tres días de subida en cama y tres de
bajada. Pues eso en Francia se llaman 150 euros, 70 la visita de urgencia y 80
el tratamiento. Imagínense si son de resfriado recurrente, hagan números.
Por
cierto, a las cuatro o cinco personas que leerán esta entrada decirles que me
consta que los franceses y francesas también pagan impuestos.
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